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Los beneficios de los libros impresos en el hogar

26 febrero, 2015

Joaquín Rodríguez (@futuroslibro) twitteaba ayer un enlace a una infografía de BookUp, una organización de la National Book Foundation de EEUU.

Justin Bieber es otro ejemplo de joven que abandonó la lectura.

Justin Bieber es otro ejemplo de joven que abandonó la lectura.

En dicha infografía, se muestran datos que, no por preocupantes, pueden sorprendernos a estas alturas. Al fin y al cabo, todos los que trabajamos en el sector editorial, todos los profesores y, con suerte, muchos padres, somos conscientes de que algo sucede en el paso de la niñez a la adolescencia, que aleja de la lectura.

Según la infografía, casi la mitad de los niños de 9 años que lee por placer, ha dejado de hacerlo cuando tiene 17 años. Hace 30 años, solo uno de cada cuatro abandonaba la lectura.

Los datos son de EEUU, lo que es especialmente evidente en un dato que proporciona: tener una biblioteca en casa de 500 libros equivale a 2,4 años más de media de educación.

En España, donde la superficie media de la vivienda es la mitad que en EEUU (97 m2 de media, contra los 201 m2 en EEUU, según datos del banco Commonwealth Securities), habría que utilizar una cifra inferior en proporción.

Es solo una de esas correlaciones que tanto gustan a quienes no saben diferenciarlas de las causas (y que tantos artículos pseudocientíficos generan), pero llamativa de todos modos.

Y de sentido común, después de todo: es razonable creer que quien tiene interés en conservar una colección tan surtida de libros, tendrá también un nivel cultural por encima de la media.

Y sus hijos se beneficiarán de ello.

El dato me ha hecho pensar en algo. Desde la aparición de los libros electrónicos, se ha hablado mucho del efecto que estos tienen en el lector, más allá del contenido. La dichosa materialidad del objeto, tan exagerada por los románticos detractores de los digital, que le han atribuido virtudes casi mágicas.

¿Qué ocurriría si los padres leyesen mucho, pero en casa no se vieran libros? Me refiero, claro, a que leyeran solo libros electrónicos pero, por cuestiones de espacio, no tuvieran más que unos pocos libros impresos en casa.

¿Crean los libros un ambiente propicio a la cultura, que fomenta la curiosidad?

Me cuesta imaginar que alguien que vive en un entorno donde solo se leen libros de Matilde Asensi o Javier Sierra se sienta animado a seguir siendo lector. Y si son 50 las sombras de Grey sobre la librería, es más fácil incluso estar inculcando a los hijos el machismo de sus garbanceras fantasías sexuales.

Pero ¿qué opináis?

Fuente: BookUp (National Book Foundation).

Fuente: BookUp (National Book Foundation).

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