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Marina Abramovic y Jay Z: The Money Is Present

16 julio, 2013

Marina Abramovic, que en 2010 realizó en el MOMA de Nueva York una sonada performance titulada “The Artist Is Present”, es considerada por algunos como una de las artistas conceptuales más radicales e interesantes de la actualidad.

Jay Z y Marina Abramovic durante el acto promocional del rapero.

Jay Z y Marina Abramovic durante el acto promocional del rapero.

Yo, sin embargo, no me cuento entre sus admiradores. Abramovic, capaz de hacer afirmaciones tan absurdamente falaces y superficiales como “el público es como un perro: puede sentir el miedo”, me parece solo uno de los más logrados productos de una industria cultural entregada al vacuo lenguaje de un marketing de la sensiblería.

Hace unas semanas, vi un vídeo grabado durante su The Artist Is Present. En el vídeo, Marina Abramovic recibe en silencio, inexpresiva, a los visitantes del MOMA que han hecho largas colas para sentarse frente a ella. Uno de esos visitantes resulta ser Ulay, pareja de Abramovic en los años 70 y 80. Su gran amor, se nos informa en el vídeo, y al que no había vuelto a ver desde que se separaron a finales de los 80.

Antes de separarse, Marina Abramovic y Ulay realizaron una performance titulada Los Amantes, que consistía en ellos dos caminando el uno al encuentro del otro desde dos extremos de la Muralla China (dos extremos, que no “los dos extremos”, ya que el trazado de la Gran Muralla no es una simple línea, sino que está constituida por una intrincada red de murallas). Caminaron 2.500 km (entre los dos o cada uno, poco importa), se encontraron en un punto de la muralla, se abrazaron y se separaron.

En 2010, más de 20 años después de Los Amantes, Ulay sorprende a Marina Abramovic sentándose ante ella. La sorprende, o eso se nos dice y tenemos que creerlo (porque todo raya la farsa). Ella permanece en silencio como con el resto de visitantes, pero no puede evitar derramar unas lágrimas.

Y todo el mundo se conmueve. Que de eso se trata: de firmar un remedo de escena de Pretty Woman, pero en el MOMA.

Me pregunto cómo se enfrentan Abramovic y Ulay, tan necesitados de grandiosidad, al sencillo gesto de lavarse los dientes o rascarse el culo al levantarse de la cama por la mañana. Sin que nadie lo vea.

Cualquier sospecha de que Abramovic no es a estas alturas más que la Lady Gaga del arte (o la Gaga la Abramovic del mainstream musical, lo mismo da) ha quedado confirmado por su participación en una performance (léase “acto promocional”) a cargo del empresario rapero Jay Z.

Jay Z quiso presentar su propio “El artista está presente”, pero en vez de permitir que se le contemple estático durante interminables horas e interminables días, ha rapeado durante 6 horas en la Pace Gallery del barrio de Chelsea en Nueva York, ante un público escogido y bien vestido con multitud de famosos y modelos.

Al contrario que Marina Abramovic, que no se levantaba de la silla ni para ir al baño (probablemente estaba sondada y llevaba una bolsa para la orina bajo su amplio vestido), Jay Z bebía de su botella de agua mineral traída de las islas Fiji y hacía pausas cuando quería. Rapeaba rimas prememorizadas, de esas ingeniosas en las que nos recuerda cuánto mejor es que el ser humano ordinario y cuánto dinero tiene. No sé si añadió algo sobre el ingente número de mujeres que se folla. Probablemente lo hizo.

El arte genera respuestas de la llamada cultura popular, y la apropiación por parte de Jay Z de una obra de arte conceptual no debería sorprender a nadie. Jay Z es un conocido coleccionista de arte (quizá inversor en arte sería más apropiado) y de vez en cuando deja caer algunos nombres de artistas en sus canciones. Por ejemplo, en la canción Illest Motherfucker Alive (El hijoputa más loco), de su disco con Kanye West, dice:marina_350x517

When I say it then you see, it ain’t only in the music

Basquiats, Warhols serving as my muses

My house like a museum so I see ‘em when I’m peeing

Usually you have this much taste you European

That’s the end of that way of thinking

Mi traducción es libre, pero capta el sentido: el profeta que señala el objeto y, dándole un nombre, lo hace visible para las personas comunes. El fin de la preponderancia de lo europeo como medida del gusto artístico. Y otras gilipolleces más:

Cuando lo digo lo ves, no está solo en la música

Basquiats, Warhols haciendo de mis musas

Mi casa como un museo para que pueda verlos mientras meo

Normalmente solo tú tienes tanto gusto, europeo

Es el fin de esa forma de pensar

Ya veis: Jay Z quiere la inspiración de la carísima colección de arte, y poder verla incluso mientras mea. Como cuando Juan Antonio Roca decoraba su baño con un Miró. Y se acabó eso de que el gusto sea exclusivo de los europeos. Me pregunto qué se habría bebido Pollock si hubiera escuchado tal sandez.

El cheque que Jay Z envió a Abramovic la llevó a participar en el acto promocional, marcándose un sinuoso baile con él, legitimando con su presencia para el mundo del arte que ella representa un acto tan pomposo y carente de originalidad como el de la Pace Gallery.

Abramovic dijo al término de la farsa: “Vine aquí y sentí la energía. Me encanta su música, porque trata temas sociales (sic), es política, y realmente se dirige al corazón de todo el mundo (sic). Es tan bueno. Es como un volcán.”

Lo que Abramovic vino a decir es: “Vine aquí y recibí el cheque. Confío en que tenga fondos. Me encanta que gane tanto dinero con su música y los temas que trata, tales como el dinero que ganaba con el trapicheo pese a que no pasó de camello de poca monta y las mujeres que se folla por la boca. Es tan bueno. Es como un cajero automático.”

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3 comentarios leave one →
  1. pamela permalink
    27 julio, 2013 21:45

    Creo que no es de tu interés el ARTE solo eres capaz de ver la superficialidad… parece un texto de revistas de farándulas…podrías colgar de un kiosco de diarios.

  2. Domai permalink
    14 agosto, 2013 21:45

    Si el re-encuentro no fue fríamente panificado,que hermoso.
    Si solo fue una gran farsa, que patético.
    Nunca sabremos la verdad.

  3. Paco Barragán permalink
    10 enero, 2014 13:24

    La historia del arte se llama… Marina Abramovic

    Marina Abramovic se ha ganado un lugar en la historia del arte por méritos propios. Pocos artistas han aportado tanto a la historia del arte como ella, llegando incluso a poner su vida en riesgo en varios performances (Rhythm 0 -1974- p.e.) y tensando los límites entre el artista y el público.

    Poco importa que Marina se haya convertido en una celebridad, en una Lady Gaga del mundo del arte (otro tanto se podría decir de Ai Wei Wei), que se haya hecho la cirugía estética, que haga publicidad para grandes marcas, que salga en las portadas de revistas como l’ Uomo Vogue con James Franco o que haga ‘la estatua’ con Jay Z.

    ¿Por qué se acepta tan mal que un artista plástico tenga éxito mientras que en otros campos se ve como normal (pensemos en todas esas ‘estrellas’ de la arquitectura (Rem Koolhaas, Nouvel), la filosofía (Slavoj Zizej), la sociología (Bauman, Lipovetsky), la teoría (Hal Foster), la literatura (Vargas Llosa), etc. etc. que viven como estrellas de rock cobrando 10.000 euros por una conferencia?

    Claro, si es un artista plástico la cosa ya es reprochable…

    Creo que deberíamos dejar atrás ideas trasnochadas acerca del artista como genio o muerto de hambre y el mito de acceso a una determinada verdad (de hecho, casi el 90% de los artistas malviven, o sea, no pueden vivir de su trabajo, ergo, algo no funciona bien en el sistema del arte).

    En el fondo, deberíamos ser más justos y honestos con nosotros mismos. Todos buscamos un cierto tipo de reconocimiento, unos a través de publicaciones y artículos, otros a través de actuaciones en películas, otros simplemente haciendo su trabajo de manera satisfactoria, e, incluso, los hay que desean trascender y convertirse en ‘celebridad’ a través de programas como Master Chef o ‘realities’ como Gran Hermano. Todo es legítimo y entendible.

    Es absolutamente lógico que Marina Abramovic disfrute de su éxito. Se lo merece. Hay muchas personas que no se lo merecen y ahí están, y, lo peor de todo, que la sociedad lo acepta como tal, o sea, que encima tienen esa justificación moral.

    No podemos seguir esperando que como artista comprometida con la sociedad como fue siga viviendo a los 60 años en un estudio de 30 metros cuadrados.

    Eso es simple y pura hipocresía.

    Muchos miembros del mundo académico y literario, por ejemplo, viven una vida dulce, con sus publicaciones, conferencias, como estrellas de rock sin los inconvenientes de la fama de las estrellas de rock, o sea, una fama agradable, de reconocimiento, pero ¿qué hacen por la sociedad? ¿cuál es su compromiso?

    Vivir una agradable vida burguesa y mirar para otro lado.

    Me encantaría que todos los artistas tuvieran entonces el mismo éxito que Marina.

    Como columnista es muy fácil hacer leña del árbol caído. Entiendo que a muchas personas no les guste la deriva de Marina Abramovic en la actualidad, pero se merece un respeto, y ese respeto no lo veo por ningún lado en este artículo.

    Todos tenemos nuestros momentos de debilidad y nuestro lado ‘kitsch’, pero el tiempo pone a cada uno en su sitio. Y el sitio de Marina es el panteón de la historia del arte. Y eso es fantástico, porque significa que ha obtenido el reconocimiento en vida y no después de muerta, como suele ser habitual.

    Y no olvidemos que Marina solo refleja en su persona actual las complejidades y contradicciones del sistema neocapitalista con las que todos nosotros nos topamos a diario y que hace que nuestro yo viva en una constante confusión y ambigüedad. Pero eso ya es otra historia…

    Paco Barragán

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