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Los ataques simpáticos y antipáticos a la privacidad

13 junio, 2013

El director de la Agencia Nacional de Seguridad (NSA) de EE.UU. ha afirmado que los registros de llamadas telefónicas y de datos de Internet que ha efectuado su Gobierno han evitado “docenas y docenas de potenciales ataques terroristas”.

Barack Obama y George W. Bush. A la izquierda y la derecha, respectivamente, por si alguien los confunde.

Barack Obama y George W. Bush. A la izquierda y la derecha, respectivamente, por si alguien los confunde.

No voy a citar siquiera el nombre del director de la NSA, porque las declaraciones habrían sido las mismas de ocupar otra persona el cargo. Y citar al autor de unas declaraciones tiene sentido únicamente cuando otra persona habría dicho algo distinto. Cualquier otra persona en su mismo puesto habría dicho algo similar.

Los argumentos en defensa de medidas como la que ha llevado a cabo la Administración de Obama (y digo Obama aunque podría haber dicho W. Bush Obama) solo pueden ser de tres tipos:

  • No es para tanto.
  • No es ilegal.
  • Hemos evitado docenas y docenas o cientos y cientos de ataques gracias a ello.

Todo cuanto hemos leído o escuchado desde que el conspicuo Snowden filtrara la información sobre esos registros de llamadas, es una combinación de los tres argumentos en defensa de las medidas de vigilancia.

El director de la Agencia Nacional de Seguridad, en una foto de archivo.

El director de la Agencia Nacional de Seguridad, en una foto de archivo.

Philip Bobbitt, reputado profesor de Derecho en la Universidad de Columbia, y asesor de varios Gobiernos tanto republicanos como demócratas, dijo en el Financial Times que las acusaciones de espionaje eran exageradas o, directamente, irracionales. Es decir: no es para tanto y no es ilegal.

El director de la NSA, de cuyo nombre para qué acordarme, ha utilizado el tercero de los argumentos.

El de que no es para tanto depende de interpretaciones sobre cuáles son las libertades que deberíamos mantener a salvo del escrutinio que nace de la sospecha universal.

El de que no es ilegal solo depende de la aprobación de leyes que convierten en Derecho las interpretaciones más restrictivas sobre los derechos y las libertades individuales.

El de que se han evitado docenas, cientos o miles de ataques, es un argumento similar al de quien afirma que si no rezara cada noche, el mundo acabaría ardiendo en las llamas de la justicia divina: pura fe ciega.

¿Por qué no ha dicho el director de la NSA que se han evitado miles de ataques, en lugar de docenas?

La razón es simple: miles es mucho, docenas es una cantidad que nos permite suspender el uso de la inteligencia sin sentir que lo hemos hecho.

Dado que hablamos de la Seguridad Nacional, no tenemos que aportar las pruebas de la efectividad de esas medidas, que se mantendrán por los mismos beneficios que nunca deberán probarse.

Si la NSA hiciera doodles como los de Google, quizá el público sería menos crítico con su vigilancia.

Si la NSA hiciera doodles como los de Google, quizá el público sería menos crítico con su vigilancia.

Yo tengo una idea muy clara de cuáles deberían ser los límites de la privacidad. Y tengo muy claro que el Gobierno de los EE.UU. no es el único en utilizar la tecnología para saltarse esos límites.

Porque, ¿en qué se diferencia lo que ha hecho la NSA de lo que hace Google a diario? Google tampoco nos espía, nadie lee nuestros mensajes de correo electrónico. Sin embargo, miles de máquinas repartidas por todo el mundo, y libres de cualquier sospecha de colaboración con un Gobierno específico, registran las palabras que usamos y las páginas web que visitamos, y personalizan la publicidad para máximo efecto y beneficio.

¿Es lo que hace Google impunemente distinto de lo que ha hecho el Gobierno de Bush Obama? ¿Por qué nos escandaliza una cosa y no la otra?

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2 comentarios leave one →
  1. 13 junio, 2013 12:01

    “¿Por qué nos escandaliza una cosa y no la otra?”

    Aunque en efecto nada nos debería escandalizar debo señalar que lo que hace el gobierno y google no es lo mismo (doodles simpáticos al margen).

    Mientras que cuando usas algunos servicios de Google has aceptado unas condiciones que les permiten a ellos utilizar tu información personal para una serie de usos (que puedes optar por no conceder) el gobierno ha recabado tu información sin pedirte permiso.

    Aún así eso no es lo realmente preocupante (si supiéramos que nos espían no sería espionaje), la principal diferencia es que a pesar de todo el poder que tiene Google en el mundo hasta donde yo sé aún no le hemos concedido la potestad de vigilar y castigar (las prisiones) algo que si tiene el estado. Y a mi lo que me preocupa es que yo no tengo ninguna lista de las actuaciones que en Internet son susceptibles de ser castigadas (¿criticar a mi gobierno podría serlo o incitar a una manifestación?) por lo tanto podría depender de la arbitrariedad de lo que un gobierno podría considerar como “peligroso” para sus ciudadanos.

  2. 13 junio, 2013 14:03

    Hemos concedido a Google la potestad de vigilar, en tanto en cuanto tiene un acceso ilimitado a los contenidos de nuestro correo. Lo hemos hecho libremente, en la medida en que eso es posible cuando nos movemos en un contexto en el que unas pocas empresas dominan todo el tráfico de la Red. Y digo unas pocas, para que no parezca que solo me preocupa Google.
    Estoy totalmente a favor de que nos escandalicemos con lo que hacen los Estados, sobrepasando como en este caso los límites de lo que consideramos inviolable. Y lo que digo es: extendamos nuestra indignación a las empresas. Cuando Eric Schmidt afirma que no han hecho nada ilegal al evadir impuestos, no se equivoca (o ya veremos qué ocurre con las revelaciones del ex empleado de Google Barney Jones). Pero debemos exigir un nivel ético también a las empresas.
    Las consecuencias de la falta de ética pueden ser distintas en el caso de las empresas y en el de los Estados. Pero en la mayoría de los casos son indiscernibles. Sí, el potencial riesgo para las libertades es mayor en el caso del Estado, que por tanto ha de ser sometido a una vigilancia mayor.
    En definitiva: hay que exigir más al Estado que a las empresas, porque el Estado es también la principal herramienta de control que tienen las sociedades sobre los mercados, la generación de riqueza, etc. Y estos asuntos son al final esenciales para que la libertad sea algo más que un artículo constitucional.
    Pero no olvidemos que la sociedad también puede (y debe) exigir a las empresas un nivel ético. Si no lo tienen, y con la cantidad de información privada que acumulan, nada impedirá que Estado y empresas colaboren (o coincidan) para convertir el derecho a la vida privada en algo obsoleto.
    La mayoría de la gente (si no toda) desconoce cuál es la visibilidad real de lo que hace en la Red. Me pregunto si estamos emocional o culturalmente preparados siquiera, si hemos madurado aún la idea de lo que Internet significa. Algunos dirán que obviamente sí, pero tengo mis dudas. Y todas las renuncias a lo privado que hagamos hoy, fortalecen cada día una noción de Estado contra la que nos hemos revuelto con la noticia de la vigilancia en EE.UU.

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