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Algo muy diferente de lo que sucede en España

4 septiembre, 2012

En la página web oficial de la campaña de Barack Obama, un reloj cuenta los días, horas, minutos y segundos que restan para las elecciones presidenciales. A poco más de dos meses del 6 de noviembre en el que se celebrarán estas, la campaña del actual presidente anunció que había logrado donaciones de más de 3 millones de estadounidenses.

El número exacto, publicado en la web oficial de la campaña, es de 3.152.919 personas(a fecha de 3 de septiembre de 2012).

Lo importante no es, sin embargo, cuántos han realizado aportaciones económicas, sino el perfil del donante que ofrece la

Información publicada en la web oficial de la campaña de Barack Obama, con datos del perfil de las personas que han hecho aportaciones económicas. Toda una obra maestra de propaganda, en el mejor de los sentidos.

información publicada:

  • Más de 2 millones de personas hicieron contribuciones de 25$ o menos.
  • Casi la mitad de los 3 millones, hicieron más de una aportación durante 2012.

Teniendo en cuenta que dos tercios de los que donaron, contribuyeron con cantidades tan pequeñas, y casi la mitad hizo más de una donación, no es aventurado suponer que hubo muchos que sumaron 25$ o menos entre varias aportaciones.

Es razonable suponer que el perfil predominante entre quienes hacen aportaciones a la campaña de Obama corresponde a personas de un nivel económico medio-bajo. Personas que temen que, de ganar Romney, podrían tener que enfrentarse a retrocesos sociales tales como la derogación de la reforma sanitaria que tanto le costó sacar adelante a Barack Obama.

Esos estadounidenses, todos los que hacen aportaciones a las campañas de uno u otro candidato, saben que tienen algo que perder o ganar en las elecciones. La financiación privada, tan importante en áreas como la investigación, no lo es menos en la política.

Algo muy diferente de lo que ocurre en España.

En España, las donaciones son algo raro, como lo es la implicación a favor de un candidato, más allá de las conversaciones más o menos acaloradas en los bares o en las reuniones con amigos.

En las elecciones generales de España de 2008, los partidos políticos se gastaron 67,7 millones de euros. La reforma de la Ley electoral obligó a reducir el gasto un 15% para las elecciones del 20N de 2011, de manera que en teoría el gasto total de la campaña, aún no publicado, no debería haber superado los 57,5 millones de euros.

El New York Times ofrece una información muy detallada sobre la financiación de las campañas de los dos principales candidatos. Da vértigo comparar las cantidades recaudadas por las campañas de Romney y Obama con el coste total de las elecciones generales españolas. Solo la campaña de Obama ha recaudado ya 587,7 millones de dólares: más de 466 millones de euros.

Si no hay grandes variaciones en los censos electorales de EE.UU. respecto de las anteriores elecciones en las que Obama ganó a McCain, el número total de personas con derecho a voto para las elecciones del 6 de noviembre podría rondar los 210 millones.

A fecha de hoy, cuando aún quedan dos meses para la fecha clave, y con más de 1.100 millones de dólares recaudados, eso significa más de 5$ por persona con derecho a voto: aproximadamente el triple que en España, donde el censo total para las elecciones del 20N fue de 35.779.491 personas.

Habrá quien opine que no podemos comparar el coste de las campañas electorales estadounidenses con el de las españolas. Y tiene razón. Mientras en España, nos echamos las manos a la cabeza porque nos parece excesivo el coste de dichas campañas, en EE.UU. se enorgullecen del dinero que han reunido en defensa de sus candidatos.  Su orgullo está más que justificado, ya que las campañas se pagan íntegramente con dinero privado. Un récord de donantes como el de Obama significa que está movilizando a una amplia masa de votantes a su favor. Y, como decía antes, la mayoría de quienes han contribuido a su campaña son personas que no han pasado de los 25$, unos 18€.

Con independencia de las cantidades, hay una clase de implicación que echo en falta en España.

El español se queja de que se financien los partidos políticos con dinero público, pero se niega a hacer aportaciones económicas a ningún candidato o partido. En su opinión, todos son más o menos iguales y un número considerable de personas tiene la percepción de no ganar ni perder nada con el resultado de las elecciones.

Las aportaciones a las campañas políticas son públicas en EE.UU., y hasta hace poco tenían un límite de 2.500$ por persona. Cuando el pasado mes de junio el Tribunal Supremo de los EE.UU. convalidó la ley que eliminaba ese límite, hubo quienes opinaron que la medida corrompería la democracia estadounidense, al permitir a las grandes corporaciones “invertir” en candidatos que, a cambio del dinero recibido, defenderían sus intereses.

Cabría pensar, pues, que en España, dado que la mayor parte del dinero que gastan los partidos en sus campañas proviene de dinero del Estado, nuestra democracia goza de buena salud.

Sin embargo, ocurre todo lo contrario. Mientras EE.UU. tiene la que quizá sea la democracia más directamente representativa del mundo, en España tenemos un sistema donde reina el Partido, tras el cual se escudan diputados de nombre desconocido, cuyas campañas pagamos todos porque nadie quiere pagar nada, ni implicarse por nada.

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