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Los segundones de Hollywood

5 enero, 2012

Casi todas mis notas en Ágora o nunca comienzan conmigo diciendo “Leo esta mañana” o “Acabo de leer”. Porque la mayoría son una reacción a algo dicho por la prensa o algo de lo que me he enterado a través de los periódicos, online o en papel.

No quería comenzar el año con nada demasiado pesado, así que voy a escribir la primera entrada de 2012 sobre un artículo de Gregorio Belinchón en El País. En dicho artículo habla de David Fincher y del estreno de su última película, la adaptación de Los hombres que no amaban a las mujeres.

Antes de continuar, tengo que decir que ni me he leído las novelas Millenium ni he visto una sola de las adaptaciones suecas. La única razón es que no sentí la más mínima curiosidad por las novelas y las entrevistas al reparto de las películas suecas, en especial a Noomi Rapace, la actriz que interpretaba a Lisbeth Salander, me desalentaron ya por completo.

Sin embargo, el cine de David Fincher me ha interesado mucho desde que vi Seven. El club de la lucha, The game, Zodiac, La red social eran todas películas muy buenas. Algunas de ellas, caso de Seven y La red social, me parecieron sobresalientes.

Pero nunca se me ocurriría decir, como Gregorio Belinchón, que estamos ante el Coppola del siglo XXI.

Si así fuera, tendría que admitir que los grandes directores de Hollywood (y podría decirse que Fincher es uno de ellos) forman una honrosa segunda o tercera fila en la historia del cine estadounidense. Una segunda fila de películas notables pero sin personajes memorables, reales, complejos.

La comparación con Coppola, después de la incomodidad que uno siente ante una afirmación que considera tan desacertada, me ha recordado algo que pensé al salir el pasado viernes de ver en el cine Drive, de Nicolas Winding Refn y con Ryan Gosling y Carey Mulligan como pareja protagonista, me recordó en muchos sentidos a La conversación, de Francis Ford Coppola.

Los silencios, la soledad del protagonista y los hechos que tienen lugar tras el encargo aparente e inicial, no son lo único que me recordó a la película de Coppola. Es también el uso de los silencios, tanto cuando Ryan Gosling está solo en la pantalla, como cuando lo acompaña Carey Mulligan.

Estoy seguro de que Fincher es un gran director, pero me temo que a directores como él les falta el margen de maniobra y el talento para parir historias como La conversación, y no digamos ya El Padrino.

Ni Soderbergh, ni Nolan, ni Fincher llegan en su momento más inspirado a las cumbres que alcanzaron Coppola, Spielberg, Allen, De Palma o Scorsese. Hoy día Scorsese y Spielberg siguen haciendo mejores películas, incluso en el terreno más comercial y menos personal, de lo que han conseguido ninguno de esos directores a los que la crítica dora la píldora con regularidad.

Y eso me recuerda algo que leí una vez, a propósito del punk. Cuando surgió esta respuesta al anquilosamiento de la música, los que ocupaban el top ten de ventas eran exactamente los mismos que las habían ocupado diez años antes.

En el cine, se puede decir que algo nos estamos perdiendo si Scorsese aún hace mejores películas que Fincher o Nolan. De acuerdo, Scorsese ha dejado de hacer esas películas profundamente personales a lo Taxi Driver o Toro salvaje. Pero es que, no nos engañemos, ni Nolan ni Fincher han hecho una sola película de ese tipo en toda su filmografía. A no ser que el vídeo de Express yourself de Madonna, dirigido por Fincher, se incluya en esa categoría de producción personal.

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