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Joe Frazier y la grandeza de la derrota

8 noviembre, 2011

«No quiero noquear a mi oponente. Quiero golpearlo, retroceder,

y verlo sufrir, herido. Quiero su corazón.». Joe Frazier (1944 – 2011).

Esta cita, extraída del maravilloso libro de Joyce Carol Oates On Boxing, Sobre el boxeo (que la editorial Punto de Lectura publicará en abril del año que viene), me sirve para comenzar este breve homenaje a Joe Frazier, que murió ayer a causa de un cáncer de hígado, a los 67 años de edad.

Hoy se acuerda la prensa de Joe Frazier, uno de los grandes de la historia de una categoría hoy muerta. Con por lo general catastrófica sintaxis, algunas breves notas en la prensa se acuerdan de la vez que derrotó a Muhammad Ali. Un gran combate, celebrado en 1971 (en marzo se cumplieron 40 años), y que fue llamado «la pelea del siglo».

No fue el único que venció a Ali, como dice la prensa, pues Ken Norton lo volvió a vencer en el año 1973, llegando a romper la mandíbula de Ali, quien se defendió diciendo que Norton le había golpeado mientras se reía.

Joe Frazier fue insultado frecuentemente por Ali, quien se refería a él como a un negro de blancos, un tío Tom. Frazier no merecía aquel desprecio, el mismo con que en el inicio de su carrera profesional trató a Floyd Patterson (cuando Ali aún era Cassius Clay).

Quizá Patterson encajaba mejor en ese estereotipo, pero no Frazier, quien se enfrentó en sus comienzos a la WBA (World Boxing Association), para evitar que se arrebatara a Muhammad Ali el título de campeón por negarse a ir a luchar a Vietnam. También pidió al presidente Nixon que Ali recuperara su licencia para poder volver a pelear, lo que puede que contribuyera (o no) al regreso de Ali al ring.

En cualquier caso, Frazier nunca mereció el desprecio de Ali. Y aunque es posible que este no fuera más que parte de una estrategia para minar la confianza de su oponente, Ali continuó refiriéndose a Frazier a lo largo de los años en forma despectiva siempre. Frazier acabó aprendiendo que Ali no era más que un payaso ocurrente al que había que ignorar.

Quiero aprovechar también este homenaje para, usando otra cita del libro de Carol Oates, acordarme del debate televisado anoche entre Rajoy y Rubalcaba, dos pesos mosca que reinarán en una categoría antes reina y hoy también muerta: la política.

«El boxeador se encuentra con un oponente que es una distorsión onírica de sí mismo, en el sentido de que sus debilidades, su capacidad de fracasar y de ser seriamente herido, sus errores de cálculo —todo puede ser interpretado como fortalezas del Otro; los parámetros de su ser privado no son nada menos que afirmaciones sin límite del ser del Otro. Esto es un sueño, o una

Frazier golpea a Ali en el Combate del siglo (Madison Square Garden, NYC, 8/03/71)

pesadilla: mis fuerzas no son totalmente mías, sino las debilidades de mi oponente; mi fracaso no es plenamente mío, sino el triunfo de mi contrincante.

Él es una sombra de mi ser, no mi (mera) sombra. El combate de boxeo como algo «serio, completo y de una cierta magnitud» —por referirme a la definición que hace Aristóteles de la tragedia— es un hecho que necesariamente subsume a ambos boxeadores, del mismo modo en que una ceremonia subsume a sus participantes (razón por la que se puede decir, por ejemplo, que la mejor pelea de la carrera de Muhammad Ali fue una de las pocas que Ali perdió— el primero y heroico combate con Frazier.).»

Joyce Carol Oates. On Boxing.

Traducción propia.

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