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Las evidentes bondades de la reforma de la ley electoral

7 noviembre, 2011

Leía ayer un artículo sobre Natalia Muñoz-Casayús, autora del blog http://www.reformaleyelectoral.info/. Según ella, la mayoría de los males de la sociedad española son culpa de la ley electoral. Y entre esos males cita el despilfarro autonómico, la

Ley electoral: ¿fuente de todos los males?

especulación inmobiliaria, la falta de regulación de los mercados financieros, etc.

Males que, según ella, nacen en la ley electoral y la desafección que provoca entre los ciudadanos, cada vez menos interesados en una política de mayorías inamovibles.

Dice Natalia Muñoz-Casayús que lo que este país necesita es que se oigan más voces. Con lo cual coincido, sin lugar a dudas. Pero luego oigo a mucha gente quejándose de que los nacionalismos tengan tanto peso en las Cortes Generales.

Lo que me lleva a preguntarme: si no queremos bipartidismo, ¿por qué nos oponemos a que el Gobierno tenga que pactar con partidos más pequeños? ¿Por qué nos parece tan oneroso para todos los españoles que haya que pactar reformas con CIU, por ejemplo? ¿No nos quejaríamos de lo mismo si, además de con CIU, el Gobierno tuviera que pactar con 15 partidos de uno o dos escaños?

Dice Natalia Muñoz-Casayús que ahora España está preparada para una política de muchos más partidos. Lo que equivale a muchos más partidos de menor envergadura que los cuatro que ahora dominan la política española.

Yo tengo mis serias dudas de que eso sea cierto. Como tengo mis dudas de que todos los males de la sociedad española tengan como única causa la desafección política.

En IU la lucha por una nueva ley electoral equivale a una lucha por la supervivencia. Pero no olvidemos que IU (de quien siempre fui votante hasta que Cayo Lara se hizo con la coordinación general) llegó a tener 23 escaños con la misma ley electoral. En lugar de corregir la trayectoria de un partido a la deriva para convertirlo en una voz de la izquierda del siglo XXI, queremos hacer una ley a la medida de su obsolescencia, para multiplicar artificialmente su presencia en las Cortes Generales.

Quiero terminar insistiendo en que hay que cambiar la ley electoral, sí. Pero tal vez no estén tan claras todas las bondades que damos por sentado que nos traerá dicha reforma. Y tal vez todo podría haber cambiado si algunos partidos no se hubieran empeñado en salir de la ciudad y abandonar la lucha por el electorado urbano de izquierdas.

Por último, yo no creo que acabemos con el despilfarro únicamente poniendo a más partidos en el Congreso. Me parece que eso, que algunos consideran obvio, dista mucho de ser evidente. Del mismo modo que la transferencia de competencias a las autonomías no se tradujo en un gobierno más responsable y eficiente. Algo que iba a suceder inevitablemente, nos decían.

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