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Un país a la deriva

24 mayo, 2011

Sin saber nada del viento y las corrientes, sin algún sentido de un propósito, los hombres y las sociedades no se mantienen a flote durante largo tiempo, moral o económicamente, limitándose a achicar agua.

Richard Titmuss

(Cita tomada de Algo va mal, de Tony Judt)

La prensa y los partidos analizan y digieren la victoria del PP y demás partidos; y sobre todo la derrota del PSOE, que a nadie ha cogido por sorpresa, salvo a los socialistas.

Las protestas ciudadanas hacían prever un voto de castigo, desoyendo a quienes nos recordaban que votábamos a alcaldes y presidentes de comunidades autónomas, y no a Zapatero. Que votar al PSOE en un pueblo no significaba apoyar los recortes del gobierno central.

Mi paso por el campamento de Sol me hizo albergar esperanzas en una reacción ciudadana a los desmanes de las fuerzas económicas, y al servilismo de los grandes partidos políticos y de los sindicatos. A las 14:00 h del domingo, con los primeros datos de participación, parecía que la gente había comprendido que la única forma de convertir el descontento en acción política era ir a votar.

Sin embargo, los datos definitivos de participación convirtieron esa esperanza en decepción. La escasa incidencia de lo sucedido a lo largo de la última semana en el nivel de participación en las elecciones municipales y autonómicas me hizo pensar que, de nuevo, la indignación en este país es sinónimo de inacción.

Una cosa es no saber lo que cuesta un café, y otra bien distinta no esperarse esto.

En los últimos años, hemos visto cómo el PSOE iba reduciendo su discurso al equivalente ideológico de la letra de la canción en la que Remedios Amaya se lamentaba «Ay, quién maneja mi barca, que a la deriva me lleva…», mientras políticos de nula talla moral y no digamos intelectual gobernaban una Europa que cada vez parece más vieja y cansada.
Protestas en Sol 20
En la puerta del Sol de Madrid, así como en muchos otros lugares de muchos otros puntos del país, la gente salió a la calle para pedir un cambio. Aún está por ver en qué se concretará la protesta, y si será el comienzo de un cambio de conciencia colectiva; o solo otra charla más en torno a una mesa en alguna terraza al solecito primaveral.

A menos que se adelanten las elecciones generales, queda un año hasta la próxima cita electoral, en la que elegiremos quién queremos que gobierne este país a la deriva, en el que parece que hasta ahora nos hemos contentado con ir achicando agua.

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