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El civismo y las utopías perroflautas

17 marzo, 2010

Ayer se publicó en El País la noticia de que algunos vecinos del barrio de Lavapiés habían ocupado el antiguo edificio de Tabacalera en la glorieta de Embajadores de Madrid. Cerrado desde hace alrededor de 10 años, acabará siendo el Centro Nacional de Artes Visuales. O no, vaya usted a saber.

Reunión de vecinos en el edificio de Tabacalera.

Si antes hubo retrasos probablemente asociados a la desidia institucional; y ahora cuesta sacar dinero para nada que no sea estrictamente necesario o mediáticamente interesante, la definitiva rehabilitación del edificio puede llevar otra década más.

De modo que los vecinos han tomado el edificio. Según los organizadores de la ocupación vecinal, cuentan con el beneplácito del Ministerio de Cultura.

Lo interesante del proyecto de los vecinos es que llama la atención sobre un hecho que a las administraciones a veces se les pasa por alto. Todos los edificios que quedan abandonados en el interior de los barrios, sin perder su calidad de propiedad privada, tienen un efecto en sus entornos que hay que evaluar.

Los edificios abandonados, cuya titularidad probablemente acumula polvo en el fondo de un cajón en una gestoría o en la casa de un atento especulador, someten los barrios a una degradación enorme, que solo los vecinos padecen, día a día.

Las administraciones habrían de hacer responsables a los propietarios de los edificios, no solo de la integridad para evitar que se desplomen sobre un viandante. Deberían asegurarse de que tiene un uso y, si no pueden garantizarlo, ceder su gestión a asociaciones que se puedan hacer cargo de darle un fin público, por el bien de una comunidad que, de lo contrario, tendrá que soportar la degradación de su espacio urbano.

Lo que no quiere decir, que nadie se confunda, que esto es una defensa de experimentos como el Patio Maravillas. Porque me costaría decidir si Maravillas supuso una mejora con respecto al edificio vacío. Cuando ni las administraciones hacen nada, ni a los vecinos les importa, lo normal es correr el riesgo de tener una comunidad okupa tomando el espacio libre. Y ahí surge un problema.

Algunos vecinos apoyarán el uso que se dio al espacio en el Patio Maravillas. Otros, no soportaban los ruidos y la basura que dejaban los chavales que se acercaban para luego recordar en el no muy lejano futuro que hicieron algo por cambiar las cosas. Muchos seguramente recuerden esas noches en el interior del Patio como el cenit de sus deseos de cambiar el mundo.

Lo que más le cuesta al movimiento okupa es controlar los mismos espacios que toma. Estoy seguro de que dentro de los movimientos okupa hay gente inteligente, responsable y que obra movida por un ideal cuya realización se encontrará con incontables obstáculos. Uno de los cuales, y no el menor, es el hecho de que atrae también a mucho vago perroflauta, que

Perroflauta

Quizá el único perroflauta cívico del mundo.

no ha sentido nunca la más mínima curiosidad por saber qué es ganarse la vida, o tener un poco de consideración por quienes no piensan como él.

La órbita de imbecilidad anodina y desconsiderada que gira en torno a los espacios okupados invalida la mayoría de las veces el mensaje. No importa los altos conceptos de la utopía, cuando no los acompaña el civismo.

Y es ahí donde las asociaciones ciudadanas entran en juego. Está en sus manos procurar la mejora de la ciudad, lejos de intereses partidistas. Son ellos quienes deberían recuperar la política, decidir por sí mismos qué quieren para su comunidad.

La política profesional nada o muy poco tiene que ver ya con este concepto de micropolis barrial. Hasta en los ayuntamientos de pequeños pueblos tienen eco las falsas broncas de las Cortes Generales, donde se buscan más titulares efectistas y consolidación de castas políticas, que el bien real por encima del figurado y estadístico.

Ojalá tengamos la suerte de ver más barrios tomando decisiones como estas, gestionando por sí mismos sus espacios, rehabilitándolos y dotándolos de más servicios para beneficio de sus vecinos y mejorando así las ciudades. Sin la intrusión de ideales que algunos creen por encima del civismo.

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4 comentarios leave one →
  1. Kamerad Wolfrad Omega permalink
    18 marzo, 2010 1:27

    Totalmente de acuerdo con todo, Ismael… pero me temo que esto no creo que llegue a ningún sitio, no interesa a los políticos: les deja en evidencia y les da miedo que la gente piense por si misma y actúe. Mucho me temo que habrá campaña para desacreditarlo, y empezarán a tildarlos de precisamente eso: perroflautas y borrachos de extrema izquierda sin ideas…
    Espero equivocarme y que funcione… cómo envidio el sentido de colaboración y civismo de los países nórdicos; aquí, cualquier iniciativa ciudadana tiene que estar siempre bajo control político e incluso se mira con desconfianza… nos tratan como a niños y nosotros nos dejamos.

  2. Stupor Mundi permalink
    18 marzo, 2010 13:13

    Quizás la mejor solución, ejemplar en su draconismo, es la tomada por doña Rita Orco Barberá en Valencia, eliminar de un plumazo un barrio entero, el Cabanyal para evitar que esas cosas se degraden y envejezcan más.
    En Madrid también tuvimos la “ejemplar” rehabilitación de la plaza de Colón, con el derribo del inútil palacio de Medinacelli para poner en su lugar el bellísimo edificio en su día conocido como sede de Rumasa y actualmente como el enchufe más grande del mundo, en fin…
    Coincido contigo en que a veces dejar a la creatividad suburbial la recuperación de espacios abandonados puede caer en la marginalidad, empero la alternativa me parece aún peor.

    Me ha encantado el perro flauta, parecía muy limpio…

  3. Lolo Chus permalink
    18 marzo, 2010 14:01

    Isma, tienes mucha razón. Las asociaciones vecinales (independientes) deberían tener voz y voto en los Ayuntamientos. Muy buen artículo

  4. 19 marzo, 2010 13:49

    Las asociaciones ciudadanas son las que pueden recuperar la política, recuperando sus espacios públicos. Aristóteles decía que el tamaño de una comunidad debía ser la distancia a la que aún pudiera ser oído un orador que hablara desde el centro del ágora.
    La comunidad política como una sociedad de ciudadanos capaces de gestionar por sí mismos sus propios espacios públicos, para mejorar su calidad de vida, es sin duda un ideal difícil, pero realizable.
    Lo que desde mi punto de vista hay que evitar es la invasión por parte de gente de fuera de los barrios, como los okupas, que usan los edificios para sus fines, los cuales consideran por encima del bienestar de los vecinos. Y que cuando los echan, se van sin volver la vista atrás.
    Cuando el ideal se pone por encima del civismo, del derecho de los vecinos, te puedes encontrar con que un perroflauta toca el bongo a las 3 de la mañana, y cuando un vecino le recrimina desde la ventana y le recuerda que la gente quiere dormir, el perroflauta, muy digno, le pide respeto al vecino.
    Esto, por rocambolesco que pueda sonar, lo he vivido varias veces. No una ni dos. Muchas veces. La palabra respeto convertida en sinónimo de “hago lo que me da la gana y usted se jode”.

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