Atacando el déficit (o como se llame)
El Gobierno quiere convencernos de que nos va a sacar de esta del único modo que se les ocurre: atacando el déficit.
Resulta un poco descorazonador que sea lo único que se les ocurre y correr el riesgo de que, como afirmaba Paul Krugman en un artículo de hace dos semanas, Keynes tenga razón y haga falta, no reducir sino aumentar el déficit en estos difíciles momentos.
Cristóbal Montoro, ministro de Hacienda, ha dicho que el Gobierno del que forma parte quiere castigar penalmente a los políticos que incumplan la ley que pone un límite al gasto público. Habrá que ver el contenido de dicha ley, y si no se trata de otro de los mensajes al mercado, que no a los ciudadanos.
La reforma del artículo 135 de la Constitución, que estoy seguro de que no servirá para acabar con los abusos económicos y el despilfarro, fue uno de esos mensajes al mercado.
El problema no es el déficit, sino en qué se prefiere gastar el dinero público. Para ejemplificar esto que digo, voy a contar algo que llegó a mi conocimiento ayer, a través de una persona que trabaja en el ayuntamiento de Azuqueca de Henares.
El ayuntamiento de este municipio de la provincia de Guadalajara está sufriendo los ajustes presupuestarios impuestos por el Gobierno regional de María Dolores de Cospedal. Y estos ajustes han supuesto el despido de varios empleados del ayuntamiento y unas duras negociaciones para evitar más despidos.
Este trabajador del ayuntamiento me contaba lo duro que resultaba ver cómo se deja en la calle a una persona que gana 6.000 € al año, cuando esa es la cantidad exacta que el ayuntamiento pagó al cómico Leo Bassi para actuar en Azuqueca de Henares.
Los segundones de Hollywood
Casi todas mis notas en Ágora o nunca comienzan conmigo diciendo “Leo esta mañana” o “Acabo de leer”. Porque la mayoría son una reacción a algo dicho por la prensa o algo de lo que me he enterado a través de los periódicos, online o en papel.
No quería comenzar el año con nada demasiado pesado, así que voy a escribir la primera entrada de 2012 sobre un artículo de Gregorio Belinchón en El País. En dicho artículo habla de David Fincher y del estreno de su última película, la adaptación de Los hombres que no amaban a las mujeres.
Antes de continuar, tengo que decir que ni me he leído las novelas Millenium ni he visto una sola de las adaptaciones suecas. La única razón es que no sentí la más mínima curiosidad por las novelas y las entrevistas al reparto de las películas suecas, en especial a Noomi Rapace, la actriz que interpretaba a Lisbeth Salander, me desalentaron ya por completo.
Sin embargo, el cine de David Fincher me ha interesado mucho desde que vi Seven. El club de la lucha, The game, Zodiac, La red social eran todas películas muy buenas. Algunas de ellas, caso de Seven y La red social, me parecieron sobresalientes.
Pero nunca se me ocurriría decir, como Gregorio Belinchón, que estamos ante el Coppola del siglo XXI.
El nepotismo hace historia
Esta mañana he escuchado en la radio unas declaraciones de Arturo Fernández, vicepresidente de la CEOE, en las que decía que el nuevo Gobierno es sólido y que los ministros tenían experiencia en las carteras que se les habían asignado.
Después de ver en qué consiste esa experiencia, empiezo a preguntarme si el señor Fernández no grabó las declaraciones hace días. Al fin y al cabo, ¿alguien esperaba algo distinto de la patronal?
Veamos la experiencia de algunos de esos ministros:
- Luis de Guindos (Economía). Para mí, su paso por Lehman Brothers como jefe en España del banco de inversión que protagonizó la mayor bancarrota de la historia, es suficiente credencial. Pero para no permitirle ni entrar en el edificio del Ministerio de Economía.
- Fátima Báñez (Trabajo y Seguridad Social). A la persona que va a protagonizar la tan temida reforma laboral, el desmantelamiento de la negociación colectiva y que deberá contribuir a la disminución del paro, no se le conoce ninguna experiencia en el ámbito de la cartera ministerial que va a ocupar. Si alguien la conoce, por favor que deje un comentario en el blog.
- José Manuel García Margallo (Exteriores). Tiene experiencia como eurodiputado. Eso es todo. No parece mucho, y no se explica que la cartera no haya acabado en manos de alguien con mucho más conocimiento del tema como Gustavo de Arístegui. Que no es santo de mi devoción, pero al menos habría sido alguien con experiencia.
- Alberto Ruiz-Gallardón (Justicia). Muchos temían que acabara ocupando el Ministerio de Fomento, después de las obras de Madrid. Pero le ha tocado ser un segundón, uno de esos ministros que rara vez salen en televisión. Era de justicia (juego fácil de palabras, lo sé) que le tocara algún ministerio, pero por sus pecados le han dado uno de los menos gratificantes. Es licenciado en Derecho y fiscal en excedencia de la Audiencia Provincial de Málaga. Algo sabe.
- José Ignacio Wert (Educación, Cultura y Deportes). Es seguidor del Real Madrid. No se le conoce otra experiencia en los deportes y menos aún en la cultura o la educación.
- Miguel Arias Cañete (Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente). Tiene experiencia, nos consta a todos. Ocupó la misma cartera y yo le recuerdo como el ministro más inútil de Agricultura, el que permitió los fraudes en las ayudas al cultivo del lino por los que España tuvo que pagar una multa mil millonaria (en euros, no en pesetas).
- Ana Mato (Sanidad). No se le conoce experiencia en el ámbito de su cartera. Pero por sus servicios a Mariano Rajoy, se le ha dado una de las carteras con mejor imagen pública por lo general. Habrá que ver cómo gestiona los recortes en Sanidad. Supongo que con una sonrisa.
Pero la noticia de hoy no es la composición del nuevo Gobierno, sino que Madrid tiene una alcaldesa por primera vez en su historia. Ana María Botella Serrano es un síntoma de lo que ocurre en la política española. Una mujer que pasará a la historia por ser la primera alcaldesa de la capital de España, y cuyas credenciales para conseguirlo se reducen a ser la mujer del ex presidente del Gobierno José María Aznar.
Viva el nepotismo. Abajo la dictadura de las urnas.
La era de la antinomia
Cada vez que veo a un político decir que ha tomado una decisión difícil, sé que lo que en realidad quiere decir es “fácil”. Y al leer que Alemania insta a Rajoy a poner en marcha su ambicioso (sic) programa, sé que en realidad quieren decir “conservador”.
Pero estos son los tiempos que vivimos. Bienvenidos a la era de la antinomia, al tiempo del discurso político cuyo objetivo no es movilizar sino desorientar, paralizar y ocultar.
Que el ya presidente del Gobierno diga que recortar salarios, educación y sanidad es una decisión difícil no deja de ser una broma. Como lo debió de ser hablar de turismo y construcción cuando fue preguntado aún en campaña, durante una entrevista en el Telediario de TVE el 16 de noviembre, en qué sectores quería crear empleo.
Don Mariano Rajoy Brey dijo entonces que no le gusta decirle a las empresas dónde han de crear empleo. Es decir, que el modelo productivo le importa poco porque según nuestro nuevo presidente del Gobierno, no es asunto suyo.
Lo importante es el empleo. De cualquier tipo, a cualquier precio. Y pedir ahora servicios o derechos sociales es algo que le suena irresponsable. Leer más…
Todo nuevo paradigma exige un funeral
Hace poco tiempo, menos de tres años, cuando la crisis había asomado las orejas pero no aún los colmillos y en la prensa se hablaba con una frecuencia inusual de la Formación Profesional, yo trabajaba en un pequeño departamento (compuesto de tan
solo cuatro personas) dedicado a la edición de libros de texto de FP.
Una mañana mi jefe nos convocó a otro compañero editor y a mí a una reunión de control como las que hacíamos cada semana, para comprobar el estado de los proyectos que llevábamos.
En un momento de la reunión, mi jefe señaló una noticia del periódico abierto sobre su mesa. En ella, el ministro de Educación, Ángel Gabilondo Pujol, del que tuve la suerte de ser alumno, hablaba de la importancia de la FP para darle a una generación las herramientas para salir de la crisis.
Los tres no sabíamos cómo recibir la noticia. No era la primera de ese tipo que habíamos visto en la prensa. Se seguía hablando de «la nueva Formación Profesional», como el clan Castro sigue hablando de la revolución: como algo a lo que el sortilegio de un discurso permanente pudiera salvar de la contradicción de lo eternamente nuevo.
Yo volví a significarme de la imprudente manera en que lo hago en ocasiones. Dije que en el futuro, que esperaba no fuera muy lejano, tendríamos que convertirnos en plataformas educativas, más que en vendedores de ejemplares de libros. Los libros electrónicos serían solo el portal de acceso a esas plataformas.
Mi jefe descartó aquello y respondió que hasta que no hubiera una ley que obligara a TODAS las editoriales a sacar libros digitales, nadie correría el riesgo de invertir en una transformación así.
Joe Frazier y la grandeza de la derrota
«No quiero noquear a mi oponente. Quiero golpearlo, retroceder,
y verlo sufrir, herido. Quiero su corazón.». Joe Frazier (1944 – 2011).
Esta cita, extraída del maravilloso libro de Joyce Carol Oates On Boxing, Sobre el boxeo (que la editorial Punto de Lectura publicará en abril del año que viene), me sirve para comenzar este breve homenaje a Joe Frazier, que murió ayer a causa de un cáncer de hígado, a los 67 años de edad.
Hoy se acuerda la prensa de Joe Frazier, uno de los grandes de la historia de una categoría hoy muerta. Con por lo general catastrófica sintaxis, algunas breves notas en la prensa se acuerdan de la vez que derrotó a Muhammad Ali. Un gran combate, celebrado en 1971 (en marzo se cumplieron 40 años), y que fue llamado «la pelea del siglo».
No fue el único que venció a Ali, como dice la prensa, pues Ken Norton lo volvió a vencer en el año 1973, llegando a romper la mandíbula de Ali, quien se defendió diciendo que Norton le había golpeado mientras se reía.
Joe Frazier fue insultado frecuentemente por Ali, quien se refería a él como a un negro de blancos, un tío Tom. Frazier no merecía aquel desprecio, el mismo con que en el inicio de su carrera profesional trató a Floyd Patterson (cuando Ali aún era Cassius Clay).
Las evidentes bondades de la reforma de la ley electoral
Leía ayer un artículo sobre Natalia Muñoz-Casayús, autora del blog http://www.reformaleyelectoral.info/. Según ella, la mayoría de los males de la sociedad española son culpa de la ley electoral. Y entre esos males cita el despilfarro autonómico, la
especulación inmobiliaria, la falta de regulación de los mercados financieros, etc.
Males que, según ella, nacen en la ley electoral y la desafección que provoca entre los ciudadanos, cada vez menos interesados en una política de mayorías inamovibles.
Dice Natalia Muñoz-Casayús que lo que este país necesita es que se oigan más voces. Con lo cual coincido, sin lugar a dudas. Pero luego oigo a mucha gente quejándose de que los nacionalismos tengan tanto peso en las Cortes Generales.
Lo que me lleva a preguntarme: si no queremos bipartidismo, ¿por qué nos oponemos a que el Gobierno tenga que pactar con partidos más pequeños? ¿Por qué nos parece tan oneroso para todos los españoles que haya que pactar reformas con CIU, por ejemplo? ¿No nos quejaríamos de lo mismo si, además de con CIU, el Gobierno tuviera que pactar con 15 partidos de uno o dos escaños?
Los peligros de la primera persona del plural
Alrededor de varias asambleas legislativas que hoy se constituían, se han
congregado hoy miles de personas que protestan contra los previsibles recortes sociales que llevarán a cabo algunos de los elegidos hace poco para formar parte de esas asambleas.
«No nos representan» es uno de los eslóganes más repetidos. Esta mañana varias personas se lo decían a la cara a Cayo Lara, que había acudido a tratar de impedir, como los mismos que le increparon, el desahucio de una familia que no puede pagar al banco la hipoteca que el banco le concedió porque, en teoría, sí podía.
El doble rasero islandés
Leo hoy en el periódico que el ex primer ministro islandés, Geeir H. Haarde, puede que se tenga que enfrentar a un juicio por la gestión que hizo, y que llevó a
Islandia a la quiebra de su sistema financiero.
El ex primer ministro sería el primer mandatario llevado a juicio por la crisis. Haarde está acusado de negligencia grave por su gestión de la crisis, según la noticia publicada en El País.
Resulta difícil saber qué se considera negligencia grave, cuando el gobierno que dirigía el conservador Haarde se dedicó a desregular casi de manera total el sistema financiero. No hablamos en realidad de negligencia, sino de una visión muy determinada de la sociedad y la economía, que aboga por la supresión de todos los límites que la Europa del bienestar puso al capitalismo tras la Segunda Guerra Mundial.
Un país a la deriva
Sin saber nada del viento y las corrientes, sin algún sentido de un propósito, los hombres y las sociedades no se mantienen a flote durante largo tiempo, moral o económicamente, limitándose a achicar agua.
Richard Titmuss
(Cita tomada de Algo va mal, de Tony Judt)
La prensa y los partidos analizan y digieren la victoria del PP y demás partidos; y
sobre todo la derrota del PSOE, que a nadie ha cogido por sorpresa, salvo a los socialistas.
Las protestas ciudadanas hacían prever un voto de castigo, desoyendo a quienes nos recordaban que votábamos a alcaldes y presidentes de comunidades autónomas, y no a Zapatero. Que votar al PSOE en un pueblo no significaba apoyar los recortes del gobierno central.



